https://www.instagram.com/cindypalacioi_fotografia_/?hl=es
La vida nos pone en caminos misteriosos, enfrente de seres que no reconocemos, pero que en el fondo tenemos la certeza de que tenían que llegar en ese momento. Esa necesidad de escribir algo que me dejó huella, dejará en alguien, aunque pequeña o grande, algo que esté ligado justo al momento en que lo lea, lo vea o lo escuche. Dejaré resonando, en un eco finamente delgado, un poco de mi existencia, y resonará en sus células para decirle, bajo y lento aquello que tenía que observar.
Necesidad de contar mi historia en pedazos; historias de victorias y de desdichas. Pero eso, justo eso, quizás sea leído en este momento y te interese saber qué pasó más allá de este espacio de lectura, de fotos y retratos de años de vivencias; entre pérdidas, entre oportunidades, entre fronteras. Eso que me dejaron las culturas que visité y la gente que amé; esos sueños que todavía estoy por realizar, alguna idea de cómo veo la vida y de cómo la acepto.
Esas cosas y más me dan la enorme necesidad de escribir hojas y hojas de cuadernos, y cuando me siento capaz, apta y valiente, las paso acá, en un espacio creado para que alguien más las encuentre.
No soy escritora ni tengo doctorados en literatura; solo soy una mujer que ha vivido intensamente, que está abierta a las ideas y creencias, viviendo siempre en una envoltura que a veces no entiendo, pero que sé que es la que me dieron para hacer este viaje intergaláctico y estar acá, pensando como tú, como otros, y a veces solo como yo veo y siento lo que me regala la existencia.
Entre otras cosas, esta fotografía la hice en el patio de mi primera casa en este país. Tenía el patio con la vista más bella: un lago atrás, lleno de aves; un lago donde caía la tarde más naranja vista por mí.
En esa casa retomé la fotografía y la pasión por escribir, pero tan contradictorio fue que allá mismo perdí esas ganas. Dejé todo en cajones de recuerdos; dejé atrás esta pasión. Me fui triste tras la pérdida de esa casa y de otras cosas más que hoy no son tan importantes.
Después de pasar por duras etapas de mi vida, en esa casa mi vida se transformó. Hice cambios en mi personalidad; dejé a un lado todo bajo llave, guardado en libretas y en memorias portátiles. Fueron días bellos porque contemplé a mis hijos crecer, pero también aprendí a desprenderme de lo material. Despedí amistades, formas de vida.
Hoy, después de muchos años, me lleno de valor, me lleno de entusiasmo. Sin importar la crítica o la desvalorización de quien escribe mejor que yo, sin importar las calificaciones, tomo nuevamente las ganas, las abrazo, las plasmo. Me lleno de valentía. Vuelvo a tomar el teclado, la música y mis fotos para mostrarlas a alguien que tenga las ganas, el valor y el tiempo para leerme; y a aquellos que tengan el momento para recordarme, para recordar quién era yo hace mucho tiempo atrás.
Esa que soy hoy, pero con nuevos matices. Esa misma, pero sin las máscaras de entonces, llevando a cuestas otras vestiduras. Si te atreves y quieres entrar en mi mundo, quizás pueda contarte qué es eso que compartimos; o quizás nada tengamos en común, pero aun así te interese ver cómo el mundo me dejó desnuda en algunos momentos.
Quizás tú me leas y te estés preguntando: ¿y qué de interesante tendrá esta persona para seguir leyendo? Eso lo encontrarás y lo podrás evaluar según tus necesidades e intereses. A partir de hoy, cada vez que me encuentres, atrévete a la aventura de sentarte a leer un poco y saborear, junto a la música, si vale la pena seguir leyendo mis pedazos rotos, mis historias cortas y mis filosóficas formas de ver la vida: apasionada, loca y hasta poeta según la luna.
(Suelto acá la sonrisa).
Pero, en resumidas cuentas, soy una mujer con ganas de contar historias que transformaron la mía.
¿Será que juntos podremos descifrar si este viaje nuevo es más asombroso, más intenso, cuando leas qué me ha pasado y por qué lo estoy contando? ¿Será que quieres sumergirte en un mundo como el que te voy a contar más adelante?
























